Por Marcelo Gibert, Director en HM GIBERT.
Compartimos esta reflexión realizada por nuestro amigo y liquidador de siniestros Marcelo Gibert, Director de HM Gibert, sobre una experiencia vinculada al fraude en seguros.
Hace unos días me di cuenta de que habían pasado 37 años de un expediente que jamás olvidé.
No por el desistimiento.
No por el ahorro para la compañía.
Sino por las personas.
En 1989 una importante aseguradora me envió a Formosa para liquidar un robo total denunciado en un comercio de artículos de pesca. El reclamo rondaba los 30 millones de australes, una fortuna para la época.
Antes de viajar, el Productor Asesor me llamó y me dijo:
"Marcelo... los vecinos comentan que ese negocio no fue robado. Dicen que simplemente cruzó la frontera y ahora está funcionando en Asunción."
Hoy esa sospecha probablemente se verificaría con Internet, imágenes satelitales o una búsqueda en redes sociales.
En 1989 había una sola forma de saber la verdad.
Viajar.
Llegué a Formosa y el productor me esperaba en el aeropuerto. Fuimos al comercio.
Estaba cerrado.
Vacío.
Sin mercadería.
Esa noche me invitó a cenar y a dormir en su casa junto a su familia.
Así se trabajaba.
Al día siguiente cruzamos a Paraguay. Éramos tres: el productor, su secretario —que no dejó de cebar mate en todo el viaje— y yo.
Ni siquiera teníamos una dirección.
Solo un rumor.
Después de caminar por el centro de Asunción encontramos el comercio.
Estaba abierto.
Con mercadería.
Funcionando normalmente.
Tras una larga conversación, el titular firmó el desistimiento.
Cuando regresábamos y volvimos a cruzar la frontera, el productor respiró aliviado y me confesó algo que nunca olvidé.
"No te dije nada antes para que trabajaras tranquilo. Mi preocupación era que, después de la visita sorpresiva y de haber firmado el desistimiento, pudiéramos tener algún inconveniente durante el regreso."
Recién ahí entendí que, mientras yo estaba concentrado en resolver el caso, él también estaba cuidando que todos volviéramos sanos y salvos.
Hoy tenemos inteligencia artificial, videoperitaciones, bases de datos y herramientas que en 1989 parecían imposibles.
Pero ninguna reemplazó el conocimiento del terreno.
Ni la intuición.
Ni el compromiso.
Si aquel Productor Asesor llega alguna vez a leer estas líneas, sabrá que estoy hablando de él.
No hace falta nombrarlo.
Después de casi cuatro décadas sigo agradecido.
Porque en 1989, cuando todavía no existían los GPS... el mejor GPS era un Productor Asesor de Seguros.
Por Marcelo Gibert, Director en HM GIBERT